Dos detalles sobre la elección

En los abundantes análisis y comentarios sobre la elección presidencial me parece que se han dejado de lado dos asuntos trascendentes. El primero se refiere al tiempo de exposición en los medios. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha calificado a Enrique Peña Nieto (EPN) de ser el candidato de las televisoras, así como también de “los de arriba” (una forma distinta en su república amorosa de llamar a lo que antes de la campaña señalaba como “la mafia”). Ha dicho que EPN como gobernador del Estado de México gastó una fortuna en publicidad y ahora mantiene una alianza con las televisoras, especialmente Televisa. Se trata, en su lógica, de una componenda para beneficiarse mutuamente. Al mismo tiempo, él se dice víctima de ataques de oscuros intereses, de conspiraciones, que le han impedido llegar a la presidencia. Tiene predilección por subrayar una sociedad dividida entre buenos y malos, ricos y pobres, los de abajo y los de arriba, los que quieren servir a su país y los que desean servirse de él. Él, por supuesto, se ubica a sí mismo dentro de los buenos con los propósitos más nobles.

 

En el primer debate entre los candidatos AMLO resaltó esa amalgama de intereses entre EPN y las televisoras, a lo que este último respondió que si la televisión hiciera presidentes AMLO ya lo hubiera sido. Y aquí es donde me quiero detener. Se olvida que, en realidad, AMLO tiene doce años de campaña, a pesar de lo cual no le ha alcanzado para estar en estos días arriba en las encuestas. En particular, durante el tiempo en que fue Jefe de Gobierno en el Distrito Federal, todos los días, invariablemente, tuvo una gran cobertura en los medios. Su conferencia de prensa era cubierta por todos los medios. Incluso, Brozo en su noticiario El mañanero, tenía al Capitán Guarnís que le dedicaba varios minutos reportándole declaraciones y puntadas de AMLO. De modo que no le faltó espacio mediático en los primeros seis de los doce años. En la elección de 2006 y el posterior conflicto que desató exigiendo el recuento voto por voto y casilla por casilla, siguió apareciendo en los medios por una sencilla razón: era noticia y lo fue hasta celebrar la asamblea en el Zócalo donde fue nombrado por sus seguidores como presidente legítimo. Después se lanzó a ir a cada uno de los municipios pero dejó de ser noticia, en especial, una que le interesara a quienes leen prensa, escuchan radio o ven televisión.

 

Ya se ha explicado varias veces que el número de spots de los candidatos o partidos depende del resultado de la elección más reciente y que, por lo tanto, al haber obtenido el PRI con el PVEM más votos que el PAN y muchos más que PRD-PT-Movimiento Ciudadano, le corresponde legalmente más publicidad así como también más prerrogativas. Pero la conclusión es que a AMLO en sus doce años de campaña no le ha faltado espacio en los medios, quizá no todo el que a él le hubiera gustado. La gran pregunta que AMLO debería plantearse es por qué a pesar de esa presencia durante más de una década, hoy las encuestas no lo registran como puntero. Un ejercicio interesante que alguien debería hacer es averiguar cuántas veces ha aparecido AMLO en la primera plana de los principales diarios a nivel nacional o también cuánto tiempo en estos doce años ha tenido espacio, por ejemplo, en El Noticiero de Joaquín López Dóriga. Es muy probable que ni de lejos alcancen esos números los otros candidatos.

 

El segundo asunto al que me quiero referir es: ¿ganará EPN la elección? Si existe democracia en México es natural que haya incertidumbre respecto a quién finalmente elegirá la mayoría. De hecho, si hay competencia es porque todos tienen posibilidad. Que uno de los candidatos desde los meses previos a la campaña tuviera mayores simpatías no significa, desde luego, que vaya a ganar. En un torneo de fútbol no se explicaría que los equipos participaran si no tuvieran la posibilidad de ganarlo (posibilidad es distinto de probable: en los vuelos comerciales antes daban instrucciones a los pasajeros diciéndoles “en el posible pero improbable caso de…”). Que en el tiempo transcurrido las encuestas lo tengan con una ventaja importante no quiere decir que los otros ya estén vencidos. Eso lo sabemos todos.

 

Sin embargo, hay algunos datos a tomar en cuenta. Por ejemplo, AMLO en 2006 tenía que pedir muchísimas más simpatías, adhesiones o votos que los que tradicionalmente podían aportarle los partidos que lo postularon. En otras palabras, si él no hubiera sido el candidato es probable que otro no hubiera rebasado el 20 o 21% del total de votos. Si tuvo más fue porque simpatizantes de otros partidos distintos a aquellos de los que fue candidato o sin identificación partidista decidieron votar por él. Algo similar podría decirse de Felipe Calderón: con únicamente los votos del PAN no hubiera alcanzado los que le dieron la mayoría. De esto se obtiene una conclusión: tanto AMLO como Calderón “tomaron” votos de ciudadanos sin afinidad partidista o de simpatizantes y militantes del PRI. La buena cantidad de votos que “jalaron” uno y otro, por supuesto que también explica por qué el PRI quedó en un lejano tercer lugar. Más, si como se ha sostenido, esa elección fue una especie de referéndum: López Obrador, ¿sí o no?

 

Los analistas y comentaristas han expresado que no hay nada decidido y es cierto, pero hay un matiz que debe hacerse. De la elección de 2000 se señalan dos hechos que condujeron al resultado conocido: un buen candidato, Fox, y errores en la campaña de Francisco Labastida. No obstante, no se pondera suficientemente que la unidad del PRI estaba maltrecha, la contienda interna había dejado heridas. Y sobre la elección de 2006 ha tenido preminencia en el análisis lo ocurrido con el primero y segundo lugares, lo cual mueve al olvido que quizá como nunca en su historia el PRI se presentó hecho pedazos, ni siquiera una unidad simulada. El apoyo de algunos sectores del PRI a los otros candidatos distintos a Roberto Madrazo fue abierto. Así, el aspecto relevante ahora es que el PRI a nivel nacional se presenta unido, algo no visto en las dos ocasiones anteriores. Aunque no es lo mismo una elección intermedia que una presidencial, el resultado de hace tres años no se puede olvidar. Si a eso se agrega un buen candidato, bien evaluado a nivel de la opinión pública nacional y con resultados exitosos en su gestión en el estado de México, tendremos la explicación de por qué es el puntero de las encuestas. He aquí la conclusión que me parece importante: de todos los candidatos es el que menos cantidad necesita de indecisos, independientes o simpatizantes o de votos tradicionalmente expresados a otros partidos. Quadri, desde luego, Vázquez Mota y AMLO para ganar necesitarían muchísimos más. En consecuencia, pienso que EPN y el PRI ganarán, pero recordando que, como dijo alguien, las elecciones se ganan antes, durante y después de los comicios.

 

Fernando Calzada Falcón 

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