El capital erótico

En este espacio nos hemos referido en otras ocasiones al capital, así en general, pero también al capital humano, al capital natural y al capital social, como insumos necesarios para el acrecentamiento de la riqueza nacional y del bienestar social. Pero, desde luego, existe ese otro capital que puede multiplicar la riqueza personal. Uno muy particular es el “capital erótico”, creación conceptual de Catherine Hakim. No, no escribe para Vanidades o Cosmopolitan o algo parecido. Esta mujer es una socióloga británica dedicada a la investigación y la docencia (además de que ha sido funcionaria pública) en la prestigiosa London School of Economics. Ella es especialista en cuestiones relativas al mercado de trabajo y los problemas de las mujeres: un nuevo enfoque para explicar los problemas de la fertilidad; las mujeres, las carreras y la vida laboral; la moral pública frente a la elección laboral: el fracaso de las encuestas de actitudes sociales; o las preferencias de estilo de vida como determinantes de carreras diferenciadas de las mujeres en el mercado laboral. Sin embargo, lo que la ha convertido de pronto en una celebridad en el plano internacional es la aparición hace dos años de su libro El capital erótico.

 

En una colaboración de Hakim al diario chileno Nación, dice: “Michelle y Barack Obama lo tienen. Carla Bruni y David Beckham también. Las ventajas que aporta el ‘capital erótico’ en el mercado laboral son tan grandes (especialmente en deportes, medios y publicidad) que a menudo sobrepasan a las calificaciones educacionales. Es un término que acuñé para referirme a una combinación nebulosa pero crucial de atractivos físicos y sociales. Debidamente entendido, el capital erótico es lo que los economistas llaman un ‘activo personal’, listo para ocupar su lugar junto al capital económico, cultural y social. Es igual de importante (o más) para la movilidad y el éxito”. Sostiene que va más allá de la belleza e incluye sex-appeal, encanto y talentos sociales, buen estado físico, capacidad sexual y habilidades de autopresentación, como el maquillaje, el peinado, el vestuario y todas las demás artes del adorno personal. “La mayoría de los estudios captan sólo una faceta: los fotógrafos miden la belleza o el sex-appeal, los psicólogos la confianza y los talentos sociales, los investigadores del sexo las habilidades de seducción y la cantidad de parejas. Pero las mujeres han sobresalido largo tiempo en esas artes: es por eso que tienden a estar mejor vestidas que los hombres. Se esfuerzan más por desarrollar los ‘talentos suaves’ del encanto, la empatía, la persuasión, despliegan inteligencia emocional y ‘trabajo emocional’”.

 

Algunos datos recogidos por las investigaciones de Hakim ilustran el poder del capital erótico. La gente de buen aspecto gana de 10% a 15% más que el promedio y entre un 20% y 30% más que los anodinos o feos. Estudios de abogados revelan que siempre hay un bono a favor del atractivo que no depende de la discriminación del empleador. Las personas más atractivas pueden ganar 12% más que las no atractivas y tienen 20% más de probabilidades de llegar a convertirse en socias de la compañía en que trabajan. “Hay una diferencia porcentual de 25 puntos en los ingresos promedio entre las minorías no atractivas y atractivas. Este impacto puede ser tan grande como la brecha entre tener un título y no poseer calificación ninguna, aunque figura muy por debajo de la inteligencia como un determinante en los resultados de la vida”. O sea, puedes ser muy bonita y atractiva y también simpática pero si eres tonta o te comportas como tal, es probable que esas cualidades te sirvan de poco.

 

En su opinión, el feminismo puritano anglosajón frenó la investigación sociológica seria porque siempre ha denostado todo aquello que tuviera relación con la sensualidad, la belleza, el placer y la sexualidad. No piensa que sea así con otros feminismos. A la pregunta expresa que le hace la revista “Magazine” de La Vanguardia sobre de qué manera consideran las feministas francesas el capital erótico, responde: “una feminista francesa jamás criticaría a una mujer por vestirse con elegancia o usar maquillaje o intentar aumentar su charme personal en la conversación o la cortesía. En cambio, el feminismo británico ha ridiculizado el sostén y anatemizado la depilación de las piernas o incluso la peluquería…los feminismos mediterráneos no son antieróticos y no condenan la sensualidad en la mujer”. Y pone su propio ejemplo, ella, que es una socióloga investigadora muy reconocida: “a mí se me ha criticado a menudo simplemente por ser académica y ponerme maquillaje. ‘Una investigadora debería parecer natural’. E incluso me ha interpelado alguna colega feminista: ‘¿por qué pierdes tu valioso tiempo en la frivolidad trivial de maquillarte?’”.

 

Si el lector está pensando en la relación que podría tener el capital erótico con la política, Catherine Hakim tiene mucho qué decir. Por ejemplo, “en Estados Unidos, Barack Obama –seamos realistas- jamás hubiera llegado a ser el primer presidente negro de la historia si hubiera sido feo. El hecho de que fuera delgado, alto, elegante en sus maneras y siempre bien vestido fue de una gran ayuda en su carrera electoral, además, desde luego, de su indudable carisma y capacidad política”. Ahora, admitamos la importancia del capital erótico en política, si alguien carece de él ¿puede aspirar a líder o presidente? Para Hakim esta no es una pregunta pertinente. Sí lo sería, en cambio, ¿qué precio pagas por no tenerlo? ¿Te lo puedes permitir? “Si nadie se cuestiona la rentabilidad de dedicar 20 años de su vida a estudiar carreras, másters o idiomas para invertir en su capital humano o intelectual, ¿por qué se considera irrelevante la inversión en aumentar tu atractivo personal? Mis datos demuestran que una pequeña cantidad de tiempo y dinero destinada a potenciar el atractivo personal logra enormes rendimientos en la influencia social y la retribución de los individuos”.

 

Es posible que de pronto alguien sienta que no ha sido muy agraciado en esta vida y que, por tanto, muchas puertas se le cerrarán. No es exactamente así como funciona. Podría enfocarse desde otro ángulo, por ejemplo, si uno nació feo tiene la oportunidad de llegar a ser atractivo. Con una ventaja: “si lo consigues, demostrarás, sobre los que nacen guapos, que eres capaz de superar con tu talento, una desventaja genética de partida. Y eso es tener muchísimo capital erótico”. Ejemplifica con el actor francés Jean Paul Belmondo (paradigma universal de fealdad atractiva) y con Madonna (quien a los 25 años no se distinguía pero invirtió tiempo y dinero hasta acumular capital erótico y resultar a sus más de 50 años atractiva en todo el mundo). Sí, es posible, aunque en estos momentos recuerdo lo que alguna vez dijo el poeta brasileño Vinicius de Moraes: “que me perdonen las feas, pero la belleza es fundamental”. Pero también tiene razón El principito de Antoine de Saint-Exuspéry: “sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos”.

 

Fernando Calzada Falcón 

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