¿Tocar fondo?

 A nivel mundial, en casi todos los rincones, la economía va de tropiezo en tropiezo; ha adquirido como principal característica la volatilidad. Cuando ya han sido dos o tres los trimestres con la economía en crecimiento, vuelve el estancamiento y eventualmente una que otra caída. La volatilidad ha sido mayúscula en el sector financiero pero se cierne la amenaza sobre la parte productiva de la economía. En Europa las cosas están feas y tienden a verse peor, en Estados Unidos se vive en la desesperación porque no sólo su economía tiene sus propios y grandes problemas, sino que pueden agravarse mientras permanezca vigente la inestabilidad al otro lado del Atlántico, incluso el fuerte empuje de países como China, India o Rusia, se ha visto debilitado.

 

Frente a este panorama, los gobiernos de los más diversos países se cuestionan sobre qué hacer, qué política económica poner en práctica. Desde luego que la respuesta provendrá de la visión que tengan sobre cómo funciona la economía y cuál ha sido el origen del mal. Con el riesgo de simplificar demasiado, en términos generales, se puede decir que hay dos grandes enfoques y, en consecuencia, dos formas de encarar la situación: una, propone dejar que el mercado actúe para reordenar todo siendo un prerrequisito la disminución del déficit público, y otra, que considera como prioridad la creación de puestos de trabajo. Cada bando, desde luego, esgrime sus razones, aunque a veces los prejuicios hacen acto de presencia.

 

Veamos, por ejemplo, el caso griego. Al actual presidente socialista Papandreu le dejaron unas finanzas públicas en completo desastre. La Unión Europea y en particular Alemania le exigieron llevar a cabo reformas drásticas y bajar el déficit público para brindarle recursos con los cuales pudiera superar su situación, es decir, tuvo que comprometerse para poder ser rescatado. Sin embargo, la mayoría de centro-derecha en el parlamento alemán amagó con negar ese apoyo y los mercados financieros, junto con otros factores, resintieron el efecto. Papandreu visitó Alemania y allí sostuvo: “no somos un país pobre, sino uno que estuvo mal gobernado”, pidió confianza para que se aprobara la ampliación del rescate y que cumpliría “todos los compromisos”. Sobre todo, pidió “respeto por el esfuerzo sobrehumano” del pueblo griego (El País). Ya se verá si esto es suficiente. Por lo pronto, fue aprobada la ampliación del rescate.

 

Por lo anterior, Joaquín López-Dóriga Ostolaza expresa: “el riesgo más importante que enfrenta la economía mundial es la crisis de endeudamiento de los países europeos. Dicha crisis, que empezó como un problema de finanzas públicas y deuda soberana de algunos países de la periferia europea, se ha convertido en una crisis del sistema financiero de la eurozona que amenaza con paralizar los circuitos del crédito como ocurrió en el 2008-09. Un evento así, haría casi inevitable una nueva recesión global” (El economista). Esta vez sería peor porque la recuperación de la anterior recesión no había acontecido plenamente, apenas se insinuaban signos modestos de crecimiento económico. En este sentido, hoy por hoy, la economía y los mercados son rehenes de los bancos europeos.

 

En Estados Unidos, dada la oposición republicana, se ha presionado al gobierno para que no aumente el déficit público. Hay una perversidad en todo esto: los republicanos actúan así porque les conviene que el electorado identifique al gobierno de Obama como responsable de la difícil situación económica, es decir, entre peor le vaya a la gente mejor les va a ellos. No importa que, en los últimos meses no se haya creado ningún puesto de trabajo y que la tasa de desempleo se sitúe por encima del 9% (en septiembre por fin hubo creación neta de empleos: 57 mil), lo trascendente es que ellos se vean beneficiados con la desesperación de millones de personas.

 

Hay quienes piensan que los gobiernos hacen mal en tratar de evitar mayores daños económicos. En nuestro país este ha sido un punto de vista esgrimido, entre otros, por Sergio Sarmiento que considera que si la economía debe entrar en recesión lo mejor es no intentar evitarlo. En El economista ésta ha sido la postura argumentada por Enrique Campos Suárez para quien “si se piensa en la recesión, más que como una maldición, en parte del ciclo económico, podría ayudar a replantear las cosas. Empeñarse en no volver a caer porque acabamos de pasar por una recesión es absurdo, caro y arriesgado”. En particular, sobre el caso de nuestro vecino, señala que se debe “permitir que la economía de Estados Unidos toque fondo y pueda resurgir con agentes económicos fuertes y preparados para volver a crecer”.

 

Para Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, las opciones son otras muy distintas. Dice: “no pido que se descarten las preocupaciones sobre el panorama presupuestario de Estados Unidos a largo plazo…pero la experiencia de los últimos dos años ha confirmado de manera abrumadora lo que muchos tratamos de argumentar desde el principio: el déficit que tenemos en estos momentos –el que debemos tener, porque los déficit en tiempos de crisis ayudan a sostener una economía deprimida- no supone una amenaza” (“La distracción mortal”, El País). Y concluye: “así que los déficit a corto plazo no son el problema y los recortes de gasto están empeorando mucho las cosas”.

 

De modo que en los países desarrollados hay un dilema. Por un lado, o se deja que la economía (al bajar el déficit recortando el gasto público), se desbarranque porque, se supone, allá en el fondo se compondrá sola no importando el costo que implique para el empleo, o por otro, éste pasa a ser la prioridad de la política económica. En Estados Unidos, el desempleo, como se anotó, está en niveles de 9%, en España no baja del 20% y por esas cifras andan otros países europeos. Han pasado muchas décadas desde la crisis mundial de 1929, pero no se puede olvidar que justamente por pensar que la economía por sí misma recuperaría su salud fue que se agravó más y más y más… Lo curioso es que quienes abogan por esa política de no intervención del gobierno se dicen defensores del mercado, pero en este terreno no hacen caso a las señales de él. Lo que el mercado claramente está diciendo es que no necesita un menor déficit sino una mayor demanda, misma que en el corto plazo únicamente puede ser fortalecida por un gasto público más pujante. De algo puede el lector estar seguro: ninguno de los que opinan que las cosas se arreglen solas debe estar desempleado, si no, pensarían de otra forma. En alguna ocasión le leí a José Woldenberg que las crisis no tienen fondo, que siempre se puede estar peor. ¿Quién desea probar dónde se encuentra el fondo para una economía  siempre con problemas?   

 

Fernando Calzada Falcón 

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