Los plurinominales

“Ahhh las plurinominales” tituló Alberto Banuet su columna en días pasados. Allí se hace una crítica a los diputados de representación proporcional o plurinominales o de lista, aunque también les da su buena repasadita a aquellos que fueron electos directamente y a los que se les conoce como de mayoría o uninominales. Quiero en esta ocasión dedicar mi colaboración a hacer un juicio de los llamados “representantes populares”. Encuentro siete aspectos a destacar.

 

Primero hay que decir que en estos años en el plano mundial junto con el desencanto por la política y la falta de seguridad de buena parte de la población en un futuro mejor, en muchos países la crítica se ha expresado con singular crudeza en contra del poder legislativo. Se acentúa cuando el régimen es parlamentario, por ejemplo en Grecia. Sólo habría que preguntarles a los ciudadanos alemanes qué opinan sobre el salvamento aprobado por sus representantes para Grecia, o a los ciudadanos griegos sobre todo lo que ha aprobado su parlamento para practicar la extrema austeridad.

 

Segundo, es sintomático que las críticas a los legisladores por lo general están enfocadas a los diputados. Los senadores quién sabe por qué gozan de mejor fama pública o, por lo menos, no son tan descalificados. Pueden existir algunas razones: casi siempre, el promedio de edad es mayor entre los senadores, incluso, hasta hace poco el marco legal fijaba el mínimo de edad para ocupar dicho cargo mucho más alto que para ser diputados. Supongo que las personas mayores suelen tener un comportamiento más “civilizado”. La menor cantidad de senadores y el hecho de que tarden seis años en su curul, debe provocar que sean personas más dispuestas a los consensos. También debe contar que los debates encendidos son menos comunes entre senadores. O quizá cuente que hay temas exclusivos de los diputados que de suyo son polémicos, el caso más claro, me parece, es el del análisis, discusión y aprobación del Presupuesto de Egresos; en cambio, un tema exclusivo del Senado como es la ratificación de los tratados de libre comercio que suscribe el país, desde un inicio el Ejecutivo lo involucra, no le llega de sopetón, a como sí sucede con el proyecto de presupuesto para los diputados. En fin, averiguar la más mala fama de unos ameritaría una investigación específica.

 

Tercero, ¿son necesarios los diputados plurinominales? Pienso que sí. Es más, estoy totalmente a favor de su existencia. Dice Banuet que estas posiciones “están reservadas para los políticos menos tarados de cada partido…porque a fin de cuentas, aunque no son populares, son más leídos…” En no pocos casos, desde un punto de vista profesional, son de los diputados que más trabajan. Bastaría con hacer un análisis de los integrantes de las comisiones de Hacienda y Crédito Público y de Presupuesto y Cuenta Pública para darse cuenta que al menos la mitad de ellos debe ser de representación proporcional. Es algo observable en casi todos los grupos parlamentarios. El trabajo que deben desempeñar en el seno de esas comisiones exige preparación y formación profesional, es decir, tiene un sesgo técnico. Evidentemente, pedirle a ellos que aparte sean un dechado de simpatía o popularidad, creo que es demasiado. Son pocos los ejemplos en las últimas tres décadas de personajes con una alta formación académica que hayan ido a una elección directa y recibieran el respaldo mayoritario. Diría que es un trabajo necesario y que alguien debe hacerlo. Inclusive, desde que ocupan un lugar destacado en las listas que hace suponer llegarán, ya se sabe en qué comisión se desenvolverán.

 

Cuarto, más allá del número de diputados plurinominales importa rescatar el por qué de su existencia. Pondré un ejemplo extremadamente sencillo. Supóngase que no hay pluris y que los de mayoría suman 300. Digamos que el 51% de los distritos electorales los gana el PRI y 49% el PAN, nomás que ambos triunfaron con menos de 5 puntos sobre el PRD (y los demás partidos no obtuvieron ni un voto). Como no hay representación proporcional no existen las circunscripciones plurinominales. En estas condiciones, cabe preguntarnos si es justo, democrático y representativo de la sociedad mexicana que la Cámara de Diputados, constituida con 300 miembros, se quede sin ninguno del PRD. Vayamos a un ejemplo real: en Tabasco, en las elecciones locales de 1997, el PRI ganó todos los distritos pero con un margen verdaderamente reducido: si no hubieran existido pluris el Congreso del Estado que inició el primer día de 1998 no habría sido representativo de la diversidad política e ideológica.

Quinto, ahora bien, en aras de que la Cámara representara toda la diversidad, alguien podría proponer que se fijaran cuotas específicas (y que los suplentes fueran de las mismas características para impedir que en el caso de solicitar licencia y el cargo lo asuma el suplente, continuara la misma representación), de tal modo que hubiera igual número de mujeres y hombres, que el porcentaje que ocupan, por ejemplo, los diputados jóvenes entre 18 y 25 o 30 años, fuera similar al porcentaje que en realidad son en la población, o que reflejara los niveles de ingresos del conjunto de familias, o que los de una orientación distinta a la heterosexual también tuvieran representación, etcétera. Es decir, que la Cámara fuera hasta donde sea posible igual a la composición social. ¿Es factible? Sinceramente no sé, pero lo dudo.

 

Sexto, lo que me parece una verdadera aberración es la presencia de los senadores plurinominales, de los cuales curiosamente se habla muy poco. En México hay 128 senadores, de los cuales 64 se eligen por votación mayoritaria (dos, mismos que integran la “fórmula” en cada entidad federativa); 32 más, uno por entidad (quienes encabecen cada fórmula), que serán para la primera minoría; y 32 más, por increíble que parezca, plurinominales de una lista nacional de cada partido. Por definición, un diputado es un representante popular (representa a los ciudadanos), y un senador, representante de su entidad federativa. Para no ir más lejos, una consulta a Wikipedia señala que “en los países democráticos, el Senado se compone de miembros elegidos en votación directa, en consideración a las regiones o provincias en que está dividido el país”. Pone el ejemplo de que “puede ocurrir que mientras los diputados aprueban una ley que beneficia a sus representados, los senadores la rechazan si entienden que la norma puede perjudicar a la provincia en cuestión”. Por eso, pregunto: ¿a qué estado representan los senadores plurinominales?

Séptimo, de lo anterior no se sigue que 500 sea el número idóneo y, por supuesto, nada justifica, que diputados o senadores de mayoría, de primera minoría o plurinominales no cumplan con su responsabilidad, esa para la que fueron electos.

Fernando Calzada Falcón

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