Siglas: entre ladrillos y cerdos

Uno pensaría que en México somos muy dados a utilizar las siglas para nombrar instituciones o personas. Así, hemos conocido al FMI (Fondo Monetario Internacional), a la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), a la Sagarpa, incluso, se han inventado ciertas convenciones o “reglas”: por ejemplo, si se utilizan las primeras letras de cada nombre que integra a la institución, se escribe con mayúsculas y minúsculas, es el caso de Semarnat (Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales) o Sedesol (Secretaría de Desarrollo Social); pero si sólo se usan las letras que forman el acróstico, es decir, las iniciales de cada nombre, entonces esas van en mayúsculas, ejemplo, SHCP (Secretaría de Hacienda y Crédito Público). A la hora de ponerle nombre a una institución hasta se repara en cómo se leería y escucharía a la hora de llamarla comúnmente.

Pero contra lo que uno pudiera pensar, no es cosa sólo de los mexicanos. Es una costumbre a nivel internacional (baste recordar a la extinta CCCP, ruso, o URSS que en español significa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), igualmente socorrida por el mundo anglosajón. En los ochenta a los países del sureste asiático que compartían determinados indicadores económicos, como una dinámica tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB, para no perder la costumbre), elevadas y crecientes exportaciones de manufacturas, etcétera (Corea, Singapur, Taiwán, Hong Kong) a los economistas les dio por calificarlos como NICS (New industrialized Countries o nuevos países industrializados). Ahora sabemos de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Estos cuatro países tienen una serie de características comunes, por ejemplo, una población muy numerosa, poseen un amplio territorio (los cuatro están dentro de los siete países más grandes del mundo), son ricos en recursos naturales, y en cuanto a datos económicos, cuentan con grandes reservas internacionales (igualmente están dentro de los siete), y un PIB y una participación en el comercio mundial importantes y crecientes a tasas significativas. No forman ningún bloque económico, por lo que la connotación de BRIC más bien alude a características compartidas y no necesariamente a la búsqueda de objetivos benéficos para ellos, aunque cabría señalar que los mandatarios ya se reunieron y se advierte que sólo tratan de ejercer presión política y comercial frente a Estados Unidos, pues no suscribieron alguna declaración donde se señale el compromiso para formar un bloque. Pero se juega con la palabra porque brick significa en español ladrillo, es decir, se quiere denotar fortaleza.

Pero en eso de utilizar siglas con significado diverso, los anglosajones, notoriamente los ingleses y los estadounidenses del medio financiero, dieron muestra de su mala leche cuando a fines de 2008 bautizaron a un grupo de países como PIGS (Portugal, Italia, Grecia y Spain, o sea España). Posteriormente se sumó a Irlanda, por lo que en algunos casos escriben piigs, o a veces quitan a Italia para incluir a Irlanda. Sin embargo, tómese en cuenta que la palabra pigs quiere decir cerdos, de modo que lo utilizan con una intención despectiva. Peor leche se nota cuando hacen la comparación entre los brick y los pigs, entre ladrillos y cerdos: de un lado, fortaleza, del otro…ni falta hace mencionarlo.

¿Y qué tienen en común los PIGS? Déficit público, signo negativo en la cuenta corriente de su balanza de pagos (que adquieren del exterior más bienes y servicios, incluidos los financieros, de los que venden), elevada deuda externa e interna y tasas de crecimiento económico negativas. Pero quizá haya algo más sintomático y es que, por lo menos en España, Irlanda y Grecia, parecía que el atraso económico y la falta de competitividad eran cosa del pasado. No pudo ser más escandaloso el título con que Financial Times (publicación inglesa derechista) dio a conocer un artículo, Flying pigs, literalmente cerdos que vuelan. El diario señaló que “es un apodo peyorativo, aunque refleja en gran medida la realidad” de esas economías. “Hace ocho años, los cerdos llegaron a volar. Sus economías se dispararon después de unirse a la eurozona… Ahora los cerdos están cayendo de nuevo a tierra” (El País, España, septiembre de 2008). Las protestas no se hicieron esperar, particularmente de las autoridades de Portugal, y la publicación dejo de utilizar ese vocablo.

Tal palabra sirvió, por una parte, para estigmatizar a estos países, pero por otra, también para llamar la atención de importantes economistas (es el caso del Premio Nóbel de Economía Paul Krugman) sobre la realidad. Tratándose de deuda pública, España, por ejemplo, no tiene ni de lejos la de Estados Unidos o el Reino Unido; el déficit público en Italia es menor a la media que registra el conjunto de los miembros de la Unión Europea y, por supuesto, la contracción económica que se produjo en 2009 fue más grave en otros países.

Lo que de plano sí comparten esos países europeos es la ejecución de severos planes de ajuste, con los que se busca, sobre todo, que haya equilibrio en las cuentas gubernamentales y en las cuentas externas. En todos ellos el gobierno gastó de más, aunque quizá en ninguno tanto como en Grecia. La realidad es que la misma existencia del euro hace mucho más draconiano el ajuste. En cualquier otro país cuando se desequilibran tan marcadamente las cuentas, el ajuste considera la devaluación, la cual abarata las exportaciones en moneda extranjera (incentiva la demanda externa por los productos domésticos) y encarece las importaciones en moneda local (desestimula las compras al exterior) y así balancea sus operaciones. Pero los países europeos no pueden tener, cada uno, política cambiaria, no pueden devaluar. Eso conduce a que el ajuste y la búsqueda de una mayor competitividad se basen en disminuir mucho más el gasto público (preponderantemente la parte destinada a las pensiones y jubilaciones), aumentar los impuestos a niveles excesivos y se reduzcan los salarios reales (hasta los nominales en el caso de los empleados de gobierno). Encima, no existe un compromiso claro de todos los integrantes de la Unión Europea: a Grecia se le concedieron préstamos por parte de Alemania pero a elevadas tasas de interés por temor a que los contribuyentes alemanes utilizaran el argumento de que con su pago de impuestos se subsidiaba a irresponsables. Pero hasta el día de hoy no existe la definición de un paquete global para ayudar al rescate de los integrantes que lo llegaran a requerir, paquete que tendría que ser más blando y con más opciones de los que brinda el FMI.

A juzgar por estos hechos, la utilización británica y estadounidense de un acróstico injusto y peyorativo (como PIGS), tal vez trate de esconder verdades o, mínimo, desviar la atención hacia otras partes. Como sentenciaba el viejo dicho: el burro hablando de orejas, o como cantaba Cri Cri: el comal le dijo a la olla.

Fernando Calzada Falcón

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