Batman tenía razón, Fernando Calzada Falcón

En la película de Batman inicia del director Chistopher Nolan, el personaje Bruce Wayne (Chistian Bale), acompañado de dos bellas mujeres llega a un hotel y las muchachas desnudas juegan en la alberca. El empleado del hotel se acerca a Bruce y le dice que ellas no pueden hacer eso: “señor, la piscina es decorativa y sus amigas no traen traje de baño”. Bruce hace gala de su dinero y, al firmar un cheque y extendérselo, le responde “voy a comprar este hotel y a poner nuevas reglas sobre la zona de la piscina”. Ya de salida, del brazo de las chicas, se encuentra con Rachel (Katie Holmes), su gran amor desde siempre, y ésta le pregunta: “cuánto tiempo sin verte, ¿qué estás haciendo?”. Él, algo confundido, le contesta: “Rachel, todo, todo esto que ves, no es lo que soy. Por dentro soy, soy más”. Y ella le expresa: “Bruce, por dentro quizá sigas siendo el chico sensacional que eras. Pero no es lo que eres por dentro lo que te define, sino lo que haces”.

 

Posteriormente, Rachel arriesga su vida y dos veces Batman la salva de la muerte, la segunda, a ella y a un niño. Cuando está a punto de retirarse, Rachel le dice “espere. Se puede morir. Dígame su nombre”. Y Batman responde: “no es lo que soy por dentro, sino lo que hago lo que me define”. Rachel, turbada, imagina quién está detrás de la máscara.

 

Esto sirve para ilustrar que, más allá de lo que pensemos acerca de nosotros mismos, importan las acciones. Nuestras frases, nuestros discursos, la benevolencia con que nos juzgamos, en verdad sirven de poco. Nada hablará más de nosotros que los hechos; las palabras pasan a segundo término. Vale para y entre los individuos. Por mucho que alguien se empeñe en explicarle a otras personas cuáles son las cualidades de él, sus virtudes, éstas serán puestas en duda o de plano negadas cuando aquel ha hecho varias otras cosas que marcan lo contrario. ¿De qué sirve o quién me va a creer que repita que soy alguien reflexivo si muchas veces me he comportado impulsivamente, si en cada oportunidad he respondido sin haberme detenido a pensar en las consecuencias? ¿Qué utilidad real puede tener para alguien presumir pureza en sus actos si la realidad es otra? (me recuerda un poema, creo de Nicolás Guillén, cuando manifiesta algo así como “la pureza del que se da golpes en el pecho y dice santo, santo, santo, cuando es un diablo, diablo, diablo”). Cada uno de nosotros puede pensar lo mejor de sí y eso está bien porque mantiene arriba la autoestima, pero hay un desajuste, quizá hasta mental, si a cada rato hacemos lo opuesto de lo que decimos.

 

Lo señalado vale también para las colectividades. Van dos ejemplos. Uno, es innegable que la iglesia católica tiene tantos siglos de existencia porque ha sabido renovar sus posturas, amoldarse, a los tiempos cambiantes. No obstante, en la actualidad no en todos los países ni en todas las regiones, ha condenado clara y abiertamente a los sacerdotes pederastas: ha sido vacilante; como en un baile, da un paso adelante, dos atrás y tres de lado. Tal vez piensan los jerarcas que no debe hablarse del tema en voz alta porque le restarán fieles a su iglesia. Es posible, pero así también dejan sembradas dudas en el camino y siempre será difícil admitir en un sermón consejos sobre la humildad si quien habla hace trapacería y media, dentro y fuera del templo, o de la institución que cobija a tales personajes.

 

Dos, ¿qué vemos en la televisión? Televisa y TV Azteca dicen hacer mucho por el país mediante su Iniciativa México, pero al mismo tiempo le recetan a su público estupideces como la de Laura en el canal de mayor rating, en un buen horario, de lunes a viernes, y  por si fuera poco, también los sábados; en la otra cadena, la émula de aquélla, Rocío Sánchez Azuara, hace lo propio. Es una competencia por ofrecer ruindades, mal gusto y un pobre espectáculo. Es que el público lo demanda y consume, dirá alguien, pero no creo que no consideren que, en buena medida, ambas televisoras moldean la audiencia. Es curioso observar cómo según sus dirigentes, muy críticos, transmiten los sentimientos y en ocasiones indignación de la gente frente a los poderosos, pero a esa misma gente le entregan una programación de porquería. Por razones como éstas, nunca he creído el discurso “desinteresado” de las televisoras.

 

Algo parecido ocurre con la actividad política de gobierno. En una entrevista que le hizo Excélsior a José López Portillo, unos quince años después de haber dejado el cargo, el ex presidente señalaba que los gobernantes en su actuación se juzgan a sí mismos por sus intenciones, pero que la sociedad los evaluaba por sus resultados. El gobernante no es tan crítico de sus decisiones porque tiene como atenuante frente a sí, su intención de que todo ha tenido como objetivo mejorar. Es decir, quienes gobiernan estiman que sus decisiones son las óptimas, algunas veces “necesarias aunque dolorosas”. Por ejemplo, pese a que Obama sopese que Calderón se siente frustrado por los resultados de su política contra las drogas y el narcotráfico, el presidente mexicano debe sentirse seguro de estar haciendo lo correcto y que en algún momento la situación imperante se modificará. Me imagino que el presidente Calderón hace lo que hace por estar convencido de que ello funciona o funcionará; simplemente reparo en que si así no fuera es obvio que haría algo distinto. Pero esto, desde luego, no le da la razón ni garantiza el éxito de su estrategia: la sociedad puede juzgar como necesario un cambio en dicha política, partiendo de que el consumo interno de drogas, la violencia y la percepción social sobre la misma han aumentado.

 

Y en cuanto a la marcha de la economía y lo que se decide en torno a la política económica, escuchamos al presidente y pareciera pedirle a la sociedad que se de cuenta y acepte que la economía está mejor que antes. Ciertamente, hay una recuperación económica y del empleo, y si nos detenemos a pensar que el consumo interno (constituye más de la mitad del Producto Interno Bruto, PIB), es el componente que en los diez últimos meses ha aumentado más, es muy probable que en este año se alcancen y hasta se sobrepasen los pronósticos sobre el crecimiento del PIB. No obstante, no se deberían subestimar los distintos factores que amenazan la estabilidad de la economía mundial, como la situación en el mundo árabe que ha disparado al alza el precio del petróleo o las amenazas monetarias, sensiblemente en Europa. Se esfuerza en su argumentación y, sin embargo, existe incredulidad de parte de quienes lo escuchan.

 

No hay secreto ni tampoco ninguna novedad si digo que la credibilidad que cada quien tiene como persona, como alguien que vive en una sociedad y como políticos, especialmente gobernantes, se construye, se conserva, e incluso se ensancha, si hay congruencia entre el decir y el hacer, entre las palabras y los actos, pero se deteriora o esfuma cuando se es incongruente. Batman lo aprendió y llegó a tener razón: nos define lo que hacemos.

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