Tres ejemplares secretarios de Hacienda

Siempre será positivo recordar a los grandes hombres que ha dado este país. Hay mucho que aprender de ellos. Ya se sabe que quienes ignoran el pasado no están en posibilidad de reconocer lo que es el presente y menos saben a qué puerto desean arribar en el futuro. Quisiera recordar a quienes tuvieron el honor de trabajar con más de un presidente de la República como secretarios de Hacienda (excluiré a Antonio Ortiz Mena): Alberto J. Pani quien lo hizo con Álvaro Obregón en 1923 y 1924, con Plutarco Elías Calles de 1924 a 1927, con Pascual Ortiz Rubio en 1932 y con Abelardo L. Rodríguez en 1932 y 1933; Luis Montes de Oca Cos que fue con Calles en 1927 y 1928, con Emilio Portes Gil de 1928 a 1930 y con Pascual Ortiz Rubio de 1930 a 1932; y a Eduardo Suárez Aránzolo quien fue secretario de Hacienda con Lázaro Cárdenas de 1935 a 1940 y con Manuel Ávila Camacho de 1940 a 1946.

Ingeniero civil de profesión, Alberto J Pani de muy joven se incorporó en 1902 a las filas maderistas para luchar en contra de Porfirio Díaz, ya que, decía, “la forzada paz porfiriana mantenía y perpetuaba el reinado de la injusticia en México”. De lo mucho que hizo mencionaré que impulsó la creación del Banco de México, la del Banco Nacional Hipotecario Urbano (que después se convertiría en Banobras), pero sobre todo, en el plano tributario destacan haber convencido a Obregón de la creación del Impuesto sobre la Renta (ISR) y la convocatoria para la celebración de la Primera Convención Nacional Fiscal en 1925 que intentaba poner orden en el país y en sus distintos órdenes de gobierno para encontrar la mejor forma de organización tributaria. Dicha convocatoria señalaba: “es indispensable, por lo tanto, proceder desde luego a delimitar las competencias locales y competencia federal en materia de impuestos, así como a determinar un plan nacional de arbitrios para unificar el sistema fiscal en toda la República, disminuyendo los gastos de recaudación y administración, ampliando el producto del impuesto y haciéndolo recaer más equitativamente sobre los causantes…”

Pani fue capaz de desatar con enorme imaginación una política de presupuesto equilibrado con más recaudación sí, pero con una idea fija: la inversión, específicamente la obra pública, debía financiarse con ahorros significativos del gasto público, no con créditos. Fue así que impulsó, entre muchas, la ampliación y adecuación del Palacio Nacional,la remodelación del zócalo capitalino, el rescate del centro histórico, la conclusión del Palacio de Bellas Artes, etcétera, obras todas ellas bajo la ejecución de la secretaría de Hacienda y a iniciativa suya.

Luis Montes de Oca no sólo fue secretario de Hacienda, también fue director del Banco de México. Fue un liberal en toda la extensión de la palabra, lo cual quiere decir también en lo económico. En Una vida en la vida de México, la autobiografía de Jesús Silva Herzog (otro gran mexicano, fundador de la hoy Facultad de Economía de la UNAM, si no mal recuerdo en 1934), lo retrataba así: “en 1928 el secretario de hacienda me invitó a una cena con varios personajes del gobierno, cena que ofrecía el embajador de los Estados Unidos en México Dwight W. Morrow. Después del banquete conversé en un rincón de la sala con el embajador. En el curso de la conversación me dijo mientras esbozaba leve sonrisa: me gusta Montes de Oca porque sabe aritmética. Don Luis…sabía aritmética y muchas otras cosas más. Hombre cultivado en varias disciplinas, de talento más que mediocre, aficionado a la buena música y honrado a carta cabal. Solterón empedernido, de carácter frío, vivía en una antigua y enorme casona de san Ángel, que tenía una hermosa capilla donde se daba el gusto de invitar a sus amigos a oir música de cámara”. Digamos, incluso, que fundó la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de México.

Hay quien dice que Álvaro Obregón le recomendó a Calles que mantuviera a Pani al frente de la secretaría, algo que éste sí hizo. Salió de Hacienda, escribiría después en sus Apuntes autobiográficos, porque el presidente le pidió la renuncia a uno de sus colaboradores, cuestión con la que él no estuvo de acuerdo para lo cual demostró que se trataba de una conspiración y prefirió, en cambio, renunciar él, aún contra el deseo presidencial. Llegó Montes de Oca, aunque cinco años después Pani volvería a ser el secretario. Como fuera, las ideas que puso en práctica Montes de Oca no cambiaron el rumbo que Pani había intentado imprimirle, pero corrió con poca fortuna (alguno de los malquerientes de Don Luis dice que “no pudo con el paquete”). De cualquier forma, el curso de la economía mexicana y con ella de las finanzas públicas, tuvo el estancamiento como sello característico hasta que estalló la segunda guerra mundial que alentó la demanda externa por las exportaciones mexicanas y así la recuperación.

Eduardo Suárez es después de Ortiz Mena quien ha estado más tiempo al frente de la secretaría: más de 11 años. Se dice que con él nació el desarrollismo (sin connotación peyorativa). Fue catedrático, jurista y diplomático. A su salida de Hacienda, alguien le preguntó cuáles habían sido sus satisfacciones y respondió: “haber podido sortear la gran depresión económica que amenazó al país a raíz de la expropiación petrolera; haber contribuido, allegando los recursos necesarios, para la importante obra constructiva realizada por el gobierno con la colaboración privada durante los dos periodos presidenciales en los que tuve la honra de servir. Haber logrado implantar sobre bases sólidas el crédito interior del gobierno de México, así como su crédito exterior mediante arreglos favorables llevados a cabo con nuestros acreedores extranjeros… Poderme retirar de la secretaría de Hacienda después de once años y medio de servicio con una fortuna igual o inferior a la muy modesta que poseía al entrar”.

Tres personajes ampliamente calificados y cuya honestidad jamás ha estado en duda. Tiempo después, ellos, junto con Ramón Beteta, secretario de Hacienda del entonces presidente Miguel Alemán, tuvieron en 1953 un debate extraordinario, del cual hablaremos en alguna otra colaboración. No sólo porque no es común que debatan abiertamente en los medios cuatro responsables de las finanzas públicas, sino porque mostró claramente dos visiones distintas de la política económica en nuestro país que permanecen hasta nuestros días: de un lado Pani y Montes de Oca privilegiando la estabilidad (la corriente liberal), y de otro, Suárez y Beteta favoreciendo primero el crecimiento. Nos vemos aquí el próximo miércoles.

Fuente: Asesor en Panoramas Económicos de Reale, Fernando Calzada Falcón

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