La economía no tiene la culpa

Hace algunos lustros, Miguel Ríos cantaba “el rock no tiene la culpa”. Allí decía cosas como que “son pequeños desajustes del sistema que triunfó en su juventud, fantasmas que ahora pasan la factura”; o también “el rock no tiene la culpa de su colesterol, no se exija que en sus venas se dispara la tensión; pero el rock no tiene la culpa de que su mal humor le haga ver tantos fantasmas, tranquilícese y tómese un relax total”. Algo parecido se podría señalar de la llamada ciencia económica, simplemente el lector puede sustituir rock por economía. Dicho rápido, la economía, como disciplina, no es responsable de todas las atrocidades, malas interpretaciones y peores políticas que se ponen en práctica. (Por cierto, en inglés, no tendríamos por qué hacer estas distinciones: por ejemplo, así como physics y matematics son física y matemáticas, respectivamente, así también economics es economía y economy se refiere, digamos, a la economía de un país).

Para ilustrar lo anterior, tomemos como ejemplo lo que sucede con el precio de los alimentos. La buena noticia es que el índice de dichos precios a nivel internacional construido por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) durante el mes de marzo bajó por primera vez después de ocho meses seguidos de incremento: tuvo un descenso de 2.9% respecto a febrero. Los precios que produjeron esa disminución fueron los de los aceites, el azúcar y los cereales (en ese orden). Ya no es tan buena si, como ocurrió, en abril se mantuvieron estables. La mala es que si se hace la comparación con lo ocurrido los últimos meses, tal indicador está por arriba del de marzo de 2010 en un 37%. La misma FAO se cuida de no hacer alarde de un simple registro mensual al calificarlo de “tregua”. Y es que su prudencia no hace caso omiso de la realidad: hay una multicausalidad.

Sin ser exhaustivos, se pueden mencionar los siguientes factores. Primero, la crisis del mundo árabe que ha aumentado el precio del petróleo, lo cual impacta, por ejemplo, el costo del diesel o de los insumos necesarios para la producción de alimentos, particularmente el precio de éstos en esos países ha sido significativo. Segundo, las condiciones climáticas durante el segundo semestre de 2010 fueron difíciles en países tradicionalmente exportadores de cereales (Rusia, Canadá, Australia y Argentina). Tercero, los precios alimentarios en 2010 aumentaron como efecto de la competencia por la tierra y otros insumos, en especial, la que se viene dando entre la producción de alimentos y la de los biocombustibles. Por si no fuera suficientemente dramático el cuadro, por un lado, la reserva mundial de alimentos se encuentra en uno de los niveles más bajos, y por otro, la devastación y situación prevaleciente en Japón, son factores que impactan los precios de los alimentos al alza.

De hecho el Banco Mundial ha estimado que desde junio del 2010 los pobres han aumentado en 44 millones de personas en el planeta y considera que, de aumentar los precios otro 10%, habrá otros 10 millones de personas que caigan en pobreza extrema. El ahora ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss Kahn, había expresado que el alza en el precio de la comida “está acabando con las ganancias obtenidas en la reducción de la pobreza”; el presidente del Banco Mundial, Robert B. Zoellick, fue enfático: “mientras muchas personas…están preocupadas por llenar el tanque de sus automóviles, muchos otros millones de personas están preocupadas por llenar el estómago”, por lo cual hizo un llamado a un “nuevo pacto global sobre política alimentaria”.

Hasta ahora, ese estado de cosas no se ha sentido fuertemente en México porque ha habido buenas cosechas y porque hay un adecuado nivel de las reservas, pero eso no debe significar cantar victoria en un terreno donde existe mucha incertidumbre. Por eso tiene razón José Manuel Herrera (“Crisis de los alimentos”,La razón) al señalar que “no estaría de más que las autoridades mexicanas atendieran esta alerta que… significó un aumento de cerca de 5 millones en el número de pobres en México entre 2006 y 2008”. Claro que de todo esto no faltará quien quiera responsabilizar al engendro neoliberal, pero visto detenidamente, ¿qué culpa tiene la ciencia económica?

Ahora, de que hay cosas que se antojan absurdas, nadie lo puede negar. Tenemos un ejemplo reciente que lo proporciona el Ministerio de Economía del gobierno de Rodríguez Zapatero en España. Éste ha bosquejado lo que sería una iniciativa con el objetivo de evitar limitaciones al crecimiento económico potencial y avanzar en la competitividad, según la cual “todos en ingeniería tendrán reconocidas facultades para realizar cuantas funciones le atribuya la normativa vigente en cualquier rama de la ingeniería”. Y es de esta manera porque el gobierno está convencido de que la regulación actual “genera distorsiones, lastra la competitividad y no está en correspondencia con la legislación europea”. Así, como lee.

Por eso el diario español ABC hace las siguientes preguntas: “¿un ingeniero agrónomo haciendo un puente? ¿Un ingeniero aeronáutico diseñando un buque?”. Desde luego, las aguas de los distintos colegios de ingenieros se han empezado a agitar. Si el gobierno tiene esa visión y ese es su proyecto, no hay dudas de que se convertirá en ley, con consenso o sin consenso, dada la composición de la mayoría en el parlamento. El presidente del Instituto de Ingeniería de España ha declarado que “analizando diversas titulaciones de grados en ingeniería se comprueba que el tan citado núcleo común (el tronco común que le decimos en México, las materias o asignaturas que comparten los distintos planes de estudio de cada carrera), es, en el mejor de los casos, del 17%, es decir, multitud de titulaciones no tienen conocimientos compartidos, lo que hace impensable e imposible ejercer las competencias una desde otra que, prácticamente, no las tiene”. El presidente de la Unión Profesional de Colegios de Ingeniería y del Colegio de Ingenieros de Caminos expresó que “no sólo se plantea una solución que sería única en el mundo, un solo título y en la ingeniería”. Y añadió: “es bien sabido que las carreras de ingeniería tienen unas asignaturas básicas que si bien son parte de la formación general necesaria no dan ninguna específica de las distintas titulaciones”. Pero insisto, ¿qué culpa tiene la economía de estas ocurrencias?

En España, en México, en el mundo, se suele responsabilizar a la economía de tonterías aberrantes. Lo que se puede decir es: ¡cuántas injusticias y torpezas se cometen en nombre de la ciencia económica, como si ésta les diera sustento!

Nos vemos aquí el próximo miércoles.

Fuente: Asesor en Panoramas Económicos de Reale, Fernando Calzada Falcón

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